La noche arrancó puntual entre el calor de la espera. A las 20.30 se abrió el telón del Teatro Flores y el escenario que recibía la primera presentación del año de Carajo bajo el lema “Blanco y Negro” saludó al público sólo con cuatro paneles plásticos de esos colores.
Los gritos de “Pura Vida” desterraron la ausencia de la voz de Marcelo Corvalán. En seguida la lista de temas se disparó y salió alternadamente de Carajo (2000), Atrapasueños (2004) e Inmundo (2007).
La gente se agolpó más cuando sonó “Resistiendo con Ideas” y aún más al escuchar la bienvenida de Corvata en “Entre la fe y la razón”, composición del último y ya viejo disco “Inmundo” (2007).
Las luces se prendían y apagaban, y los pies que salían del mosh se destacaban al mismo tiempo que la banda aumentaba su orgullo en escena.
El espectáculo llevaba un ritmo parejo que hacia parecer que el recital fuera una gran continuidad, pero en “El llanto espiritual” cambió el clima y en la selección inmunda de “El que ama lo que hace” y “Acorazados” se sintió una potencia mejor. Pero los sonidos distorsionados cesaron un poco y todo se apreció con luces un poco más naranjas en “De frente al mar”.
Cuando Corvata preguntó a las personas transpiradas si querían joder nadie lo dudo y lo hicieron antes de que el show tuviera un pequeño intervalo en el que una acróbata vestida de blanco mostró sus destrezas haciendo un poco de danza aérea colgada de una tela negra. Los espectadores masculinos chiflaron y gritaron hasta que el ruido volvió a romper con “Tv, histeria y canción de moda” y con otros 30 minutos más de música.
La banda comenzó a despedirse con los gritos de “Sacate la mierda” y la despedida final fue “El error” en bis.
Luego de otra fecha agitada lo único cierto es que las almas nunca dejarán de golpearse, y menos en Carajo.